No hace falta ser demasiado observador para saber qué hace del Dálmata un perro tan cautivador: sus manchas negras y nítidas resaltadas sobre un fondo blanco, limpio y brillante. Este peculiar pelaje subraya la constitución de un cuerpo fuerte, esbelto y equilibrado. Originalidad y elegancia en estado puro.
Pese a su innegable belleza, el Dálmata no tiene nada de superficial y no soporta ser tratado como un perro de escayola. Conoce sus muchas virtudes y le encanta poder ponerlas al servicio de su amo y de toda la familia.
Es un excelente compañero que se distingue por ser apegado, sensible y leal, una fuente constante de cariño aderezada con buenas dosis de energía.
La mayoría de los cachorros son hiperactivos. Este rasgo, que hace las delicias de todos mientras el perro es manejable, puede convertirse en un problema cuando el pequeño torbellino de manchas se convierte en un jovencito hecho y derecho lleno de músculos y dientes.
Para evitar malos hábitos, lo mejor es empezar cuanto antes a aplicar cierta disciplina. La educación correcta hace maravillas en este perro inteligente y garantiza una convivencia agradable y una buena adaptación a vivir dentro de casa: el Dálmata no es un perro de exterior, ya que no tolera pasar mucho tiempo solo.
Sin embargo las travesuras son lo suyo y su instinto cazador le lleva a correr, saltar y trepar. Está claro que lo mejor para la buena salud mental de su propietario es que haga este tipo de cosas fuera de casa.
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